Moontan, de Golden Earring

No eran los más originales ni los más virtuosos, pero eran rock progresivo en estado puro.  Y además, tenían una portada prohibida, lo que era tanto como decir que tenían abiertas las puertas al olimpo del rock, porque en el cielo de los rockeros, todo es alcohol, drogas,  guitarras eléctricas y portadas prohibidas, desde Sticky fingershasta Electric ladyland, pasando por Blind faith, hasta llegar a Moontan.

Lo cierto es que más allá del anatema Radar Love, tan abusado por los anuncios de publicidad, la banda holandesa Golden Earring no tuvo muchas más opciones para codearse con las vacas sagradas de los sesenta y setenta. La competencia arreciaba, los perros de la guerra habían salido y no habría cuartel. Pero Golden Earring es mucho más que Radar Love, y Moontan,es mucho más que un simple ejercicio de rock sinfónico de los 70. Moontan es, ante todo, épica.

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A decir verdad, Moontan no era siquiera el álbum de debut de la banda, el conjunto había iniciado su andadura en 1961, aunque el reconocimiento mundial le vendría con este su noveno disco de estudio.  Podría decirse que hay en él claras reminiscencias de Jethro Tull, Zappa e incluso Donovan. Esos retazos son aún más evidentes en el álbum homónimo, Golden Earring, editado tres años antes, en 1.970. Desde la flauta que evoca a Ian Anderson, hasta la voz camaleónica de George Kooymans, que por momentos nos trae a la mente a Frank Zappa, todo en Moontan es tremendamente familiar y, a la vez, tan distinto.

Mi copia de Moontan desprende sabor por los cuatro costados. Pocas veces resulta tan interesante palpar un vinilo. Es una de esas ocasiones en las que te sientes tentado de dejar la escucha para otro momento, te invade la sensación de que tienes algo serio entre las manos, algo parece susurrarte al oído que no es el clásico LP de escuchar y olvidar, que para hacerle justicia deberías abrir el minibar y poner algo de hielo en la cubitera. No merece menos. 

La edición de Music on Vinyl, editada en 2009, por decirlo de una forma sencilla, es gloriosa, uno de esos desplegables que hacen que la portada prohibida sea más prohibida que nunca, con sus colores marchitos, su deje de melancolía, la actriz de burlesque con sus plumas azules, las uñas infinitas y esa piel casi traslúcida, bronceado lunar, tal y como indica el título. 

 

 

El interior nos deleita con lo que bien pudo considerarse un interior prohibido, el desnudo de un hombre junto a lo que parece ser un traje ignífugo, quien sabe, quizá un traje de astronauta.

El primer tema nos cuenta la historia de Candy, una chica que apuntaba maneras, ya lo decían las vecinas del quinto primera. Papaíto le dijo que le rompería los huesos si llegaba a casa envuelta en plumas. Toda una declaración de intenciones, ¿la chica de la portada? El tema es vibrante, dinámico, rico en texturas, los platillos centelleando, un riff de guitarra que inspiró más tarde a Black Sabath. Poco antes de concluir el tema, y siguiendo una pauta que se repetirá a lo largo de este trabajo, la canción se sumerge en un estado de calma, un tempo sostenido, un piano marcando el ritmo junto a la batería, los teclados más adelante, más piano después, un final que parece que no llega, y por fin, cuando todo indica que Candy volverá a ser mala, la canción llega a su fin, confundiéndote, preparándote para una entrada final que no llegará.

Are you receiving me es uno de esos temas que encumbran a un grupo, de esos que justifican la compra de un LP. Olvida la falta de discurso narrativo de ELP o de King Crimson, Are you receiving me es tensión, es suspense, es lírica musical, pocas veces se conjugaron tan bien los metales jugando con la batería, los vientos, las guitarras wah wah, todo eso y más es Are you receiving me.  Receiving me es cine negro, hasta la médula, Harvey Keitel y Chirstopher Walken dentro de un Caddy del 73 por las calles mojadas de Brooklyn, dirigiéndose a la cocina del infierno, la noche acechando, el maletero cargado de hierros, el ajuste de cuentas que está por llegar, la tensa calma que precede a la tormenta.  Keitel mira a Walken antes de apearse del coche, es una buena noche para morir, se dicen con la mirada, la del soldado viejo. Se abre el maletero, sigue sonando Receiving, Keitel saca un Browning, Walken mete un Smith & Wesson bajo su cinturón y toma del maletero una escopeta de cañones recortados. Todo se sucede a cámara lenta, como en las viejas películas de los ochenta, aunque la banda sonora sea diez años más joven, ave cesar, los que van a morir, te saludan. Eso es Receiving.

Radar love es la más conocida de todas las canciones desconocidas. U2, Carlos Santana, Bryam Adams y REM. Nadie se resistió a versionarla. Curiosamente, en ella encontramos uno de los dos homenajes que la banda realiza en este álbum, el primero a Brenda Lee y su Coming on Strong, el segundo no se oculta siquiera, da título al siguiente tema, Just like Vince Taylor.

Justo en el momento en que te levantas para volver a pinchar Receiving, comienzan los acordes de The vanilla queen. Keitel y Walken no han terminado su trabajo, piensas. Dejas que todo siga su curso, los discos se hicieron para ser escuchados de principio a fin, al menos así solía ser, cuando los discos eran de color negro y giraban a 33 revoluciones.

De un momento a otro dos sombras crepusculares saldrán del Eight Aces,Walken saldrá cojeando a estribor, la mano sobre la mancha de sangre que le ensucia la camisa, el otro brazo sobre los hombros de Keitel.  Más tensión sostenida, más atmósfera épica, las cuerdas y el bajo dan entrada a la batería de Cesar, el de apellido imposible, y surge la pregunta, el porqué, Reina de la Vainilla, cuál es la razón por la que me capturas, aún en mis sueños.

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El chisporroteo del vinilo que agoniza me saca del trance. Parpadeo y agito la cabeza, como si no me perteneciesen esos pensamientos, Walken y Keitel todavía no han muerto. Entonces lo veo claro, el día que reúna coraje para escribir otra novela, Golden Earring formará parte de su banda sonora.