SME 15 con brazo SME V

Desde que tengo uso de sinrazón audiófila me encantan los SME. Aún recuerdo el día en que tuve en mis manos mi primer brazo SME, un 309. Me sentí como Indiana Jones ante un ídolo de oro macizo rescatado de algún templo ruinoso de una recóndita selva amazónica. Quitadme el sombrero, el látigo, la chupa de cuero, quitádmelo todo, cualquier parecido mío con el doctor Jones es pura casualidad, pero así me sentí yo con el 309.

 

Después vino un IV, más tarde un V y no hará mucho, un SME M2-9. Actualmente tengo dos SME V, uno montado en el SME 15 y otro en un experimento inacabado que incluye un Technics 1200 y un Marantz Model 2230.

Ha habido otros, por supuesto, el más notable –quizás- un Graham Phantom II, pero ninguno como el SME V.

El IV es endiabladamente bueno, es más, es extraordinario, es el brazo con el que podrías jubilarte en esto del audio, pero el V es el V, maldita Ley del Rendimiento Decreciente. Más adelante volveré sobre él.

El SME 15 es el recién llegado, The new kid in town. Con un cambio en el liderazgo de la marca, después del fallecimiento de Alastair Robertson-Aikman, SME ha decidido intensificar su actividad en el que siempre había sido uno de sus ámbitos de actividad típicos, la maquinaria de precisión. Desde la Formula 1 hasta la industria aeroespacial, esta compañía una vez casi artesanal ha realizado una profunda inversión en I+D para mantener su posición en el mercado. Y ese esfuerzo empresarial ha tenido su exponente en la vertiente del audio en el lanzamiento del nuevo plato de SME, el Model 15.

En apariencia un 10, son realmente muchos los elementos que le separan de él, tanto que podría decirse que está más cerca en técnica de su hermano mayor, el 20, que del 10, pese a que la semejanza con el 10 sea evidente. No obstante, a un observador atento no escapará el hecho de que se trata de un modelo suspendido, como los modelos 20 y 30.

En lugar de los plintos rectangulares de los modelos superiores, el Model 15 utiliza un sistema de tres torres para hacer que el subchasis se suspenda sobre los anillos de goma. Esto proporciona al plato un aislamiento propio de los sistemas suspendidos, algo muy a valorar en la percepción sonora.

El conjunto de subchasis y plato alcanza los nada desdeñables 11 kilos de peso y emplea un eje de primera calidad, tal y como cabe esperar de un fabricante especializado en mecanizados.

El plato, heredado del modelo 20, pesa algo más de 4,5 kilos, utiliza una aleación de aluminio en la que se ha empleado material absorbente, y según la información del fabricante, se ha utilizado un sistema de torno con diamantes para pulir su superficie, lo que le confiere ese carácter que le sitúa a medio camino entre lo rudo y lo sofisticado, una clase de rudeza de esas que promete no defraudar, que está ahí con una finalidad concreta, nada de pose o gestos cara a la galería.

El motor está integrado por 8 polos de imanes de neodimio y cuenta con tres sensores para controlar la velocidad. Tiene un peso de 2,5 kilos y su aislamiento se consigue, además de por su carácter masivo, gracias a los pies de urethane.Un microprocesador controla la velocidad de giro, que se alcanza tras unos ocho segundos y permite tres modos de velocidad, 33.3, 45 y 78 rpm.

El bloque de lectura se asienta sobre tres pies ajustables en altura en los que se ha pretendido, por diseño, minimizar la superficie de contacto.

Otro de los elementos diferenciadores del SME 15 es su clamper, si bien la diferencia reside más en lo cosmético que en lo funcional ya que sigue tratándose del clásico clamper SME, es decir, enroscado sobre el eje principal,  pretendiendo conseguir la máxima unión entre el vinilo y el plato. En total, el conjunto alcanza un peso aproximado de algo más de 18,5 kilos.

SME ofrece el Model 15 con o sin brazo, siendo que esta última opción emplea la denominación “Model 15 A” y se hace acompañar del brazo 309, algo que llama la atención en tanto que, siendo un magnífico brazo, no parece estar al nivel del plato. Los motivos por los que se ofrece esta combinación quizás obedezcan a cuestiones de mercadotecnia y estructura de producto más que al resultado sonoro. Creo que el compañero natural del Model 15 es el brazo V.

Como ya avancé, soy firme defensor del Model V, razón por la que la configuración que se analiza en estas líneas se ha hecho con el citado brazo. No ha pasado por mis manos el precioso Model 3009, espero que algún día lo haga, pero conozco bien el resto de la gama, y partiendo de esa máxima que aqueja a la alta fidelidad, cada modelo supera al anterior, aunque sea a costa de un desembolso que se separa exponencialmente de esa percepción de calidad. El 309 es un excelente brazo, pero el bloque único de los Model IV y V es superior.

Estas afirmaciones se respaldan en las pruebas hechas con la pista 2 de la cara B del disco de pruebas editado por la publicación británica HiFi News. Doy gracias a los dioses del audio por este bendito disco. Cabría objetar –y con razón- que el resultado de la prueba tiene mucho que ver con la complianza de la cápsula, pero sin duda puedo sostener que con alguna notable excepción, los mejores resultados con casi todas mis cápsulas los he obtenido con los Model IV y V.

No nos engañemos, la excelsa y muy desconocida Denon DL-S1, una de las grandes gangas del firmamento de las MC, funciona mejor con el más modesto M2-9 de SME y la última iteración de la Benz LP, sin defraudar en absoluto, no se ha comportado tan bien como esperaba con el V. Después de todo, esta prueba pretende ser lo más honesta posible. Sentado lo anterior, y con cápsulas tan dispares como la Hana SL y la Koetsu Onyx Platinum, el SME V ha demostrado ser un brazo con un abanico de utilización sumamente amplio.

SME V Color, brazo entero

-¿Y por qué un SME V y no cualquier otro brazo de los muchos que hay en el mercado? –preguntó el audiófilo recalcitrante.

-Muy sencillo –repliqué yo-. Pocos ofrecen tantas posibilidades de ajuste como el SME V.

-Un Graham Phantom es superlativo y además es unipivot –una medio sonrisa plagada de dientes asomó en la cara del audiófilo recalcitrante.

Después de todo, el audiófilo recalcitrante estaba de vuelta y creía haberlo visto todo, desde el Dynavector 507 hasta brazos tangenciales que nunca llegaron a convencerle por lo enrevesado de su mantenimiento y ajuste.

-No me gustan los sistemas antiskating de pesa, ni jamás vi un sistema tan preciso de ajuste de VTF. ¡Si el muy puñetero lleva un sistema de guía para su posición! –exclamé-. Tendrías que ver la calidad de los acabados y cómo se siente en las manos, es una cosa impresionante.

La sonrisilla entre burlona y desafiante del audiófilo recalcitrante comenzó a desvanecerse.

-Los JMW permiten ajustar el VTA y la SRA durante la reproducción –el audiófilo recalcitrante volvió a la carga.

-Y son estupendos –sin perder el aliento-, no me importaría tener uno, pero también el V permite ajuste de altura y con ello, de HTA y SRA, y nada impide hacerlo durante la reproducción. Además –y con esto la sonrisilla del audiófilo recalcitrante se evaporó por completo-, el SME V permite en cierta medida interaccionar sobre la frecuencia de resonancia gracias al sistema de fluido “damping”.

 

-Bueno –dijo, al fin, intentando salir del atolladero-, después de todo el brazo no es tan importante. Si reúne unos mínimos, puede ser más que suficiente.

-Puede que tengas razón, pero llegado el momento, dime que no querrás el brazo que te permite más ajustes…

Koetsu_

 

 

La escucha

Conocerás al audiófilo recalcitrante porque se presenta en las ferias de audio o en la tiendas del ramo con sus discos bajo el brazo. Lo mismo hace cuando va a casa del amigo, también audiófilo recalcitrante. Y si le dejasen, los llevaría a su boda, a la comunión del niño o al bautizo de su sobrino. Y es que sin sus discos de prueba, el audiófilo recalcitrante se encuentra perdido, receloso, desconfiando de esa música de efectos especiales que suena bien en cualquier equipo. No, de ningún modo, si no suena bien School de Crime of the Century de los Supertramp, la prueba no la pasa, de ninguna manera. Aún recuerdo aquella encerrona que le hicimos a fulano de talcuando estrenaba su minicadena. En qué cabeza cabe.

Si para más señas esa versión del Crime of the Century es un UHQR de Mobile Fidelity, la cosa se pone realmente seria. Tampoco nos engañemos, si se nos queda el rostro como si fuera un emoticono de sorpresa, no será solo cosa del plato o del brazo. Puede que una Koetsu Onyx, un previo de phono Luxman EQ500, un previo “tan previo”como el C52 de McIntosh y unas cajas tan absolutamente desconocidas como reveladoras, las Adam Audio S3V, acompañadas con dos subwoofers de 18 pulgadas, sí 18, tengan mucho que ver en todo eso.

Bueno, pon el SACD de Crime of the Century, o tira de las muchas grabaciones que tienes hechas del mismo disco con otros platos y brazos para ver hasta qué punto es o no el plato el que marca la diferencia.

Y tanto que lo hice. Y cara de emoticono de sorpresa se me quedó. La combinación SME 15, SME V y Koetu Onyx, con un buen previo a válvulas es eso y mucho más. Es una ventana a la música.

Me conozco al dedo la Onyx. Llevo varios años casado con ella, tantos que hasta me tuvieron que hacer una reconstrucción de la vieja. Ahora disfruto de la nueva, la de imanes de núcleo de platino. Quizás cuando le llegue el momento de renovar los votos le pondré el cantilever de diamante. Con el SME 15 la Onyx ganó en aire y detalle arriba, la misma de siempre, con su grave “gordito”,con sus medios exultantes, pero con más detalle, con más aire y precisión arriba, maldito –o bendito- sea el SME, si parece que la Koetsu tuviese la precisión de una Titan pero conservase ese punto de opulencia que hace que el grave se desborde en el buen sentido del término.

Tendré que probar qué tal se comporta el plato y el brazo con una de las reinas del detalle, la DL-S1, o alguna de las que guardo en el cajón sin descorchar. Ya te llegará el día, Lyra Atlas, ya te pillaré.

Mis siete lectores saben que no soy dado al empleo de los términos de la literatura audiófila, tan manidos y estériles, como incomprensibles. Varios años de Stereophilee HiFi Newsa cuestas, y aún no termino de saber lo que es un transitorio. Y aquello de la microdinámica siempre me produjo dolor de cabeza.

He de simplificarlo, me dije, ya me lo perdonarán. Al fin y al cabo, mi oficio es otro, y en esto no me va nada salvo echar un rato entretenido. Así que, llevado al terreno del audiófilo de andar por casa, la combinación suena espectacular.

La armónica del inicio está perdida en la distancia, pero está, plagada de matices, eso deben ser los transitorios, rica en inflexiones, eso también deben ser los transitorios, cada vez más grande, invade la escena, se acerca, deja de ser esa armónica perdida, puede que eso no sean los transitorios. Los críos del patio chillan, parecen que estén ahí mismo, será cosa de los transitorios, el grave no es el grave feo de una grabación difícil como siempre fue, están contenidos pero tienen esa pegada de 90 hercios que tanto le gusta a la Koetsu, y luego entra el piano, y cómo entra, por primera vez no está tan mezclado en la grabación, parece separarse del resto, serán los transitorios, se eleva, cobra protagonismo, no es el de siempre, eso está claro. Y luego viene la definitiva, el momento en que todos los equipos de las ferias de audio muerden el polvo, los metales, que son muy difíciles en esta grabación, una percusión de música ratonerade los setenta, cuesta distinguirlos, que no te pille con un tuiter metálico o eres hombre muerto.

Pero ahí están los metales, se aprecia el centelleo, ya no es un simple golpe contra latón, ahora hay ritmo donde antes había anarquía. Deben ser los transitorios.

No va a haber prisioneros. Decido ir a por todas, voy a sacar de la funda otro de los feos. Aún recuerdo la cara de mi amigo el audiófilo recalcitrante cuando me presente en su casa con el Abraxasbajo el brazo. ¿Acaso se creía que le iba a despachar con el Brothers in Arms, como si nada?

Cómo se las gasta el Rollie con esos teclados distorsionados de los 70, tampoco es que la guitarra de Santana sea un prodigio de nitidez, pero cuando entra la percusión, aquello puede llegar a ser la peor pesadilla del audiófilo que estrena equipo. Grave retumbón, zona alta mortecina, confusión de instrumentos, los viejos y típicos tópicos del Abraxas, siempre malos, estaban ausentes en esta ocasión. Puede que estuviese haciendo trampas, se trata de la versión One Step de MoFi, cierto, pero aquí cabría aplicar aquella vieja máxima que dijo el filósofo, aunque la mona se vista de seda…

 

Podría aburrir a mis siete lectores con las cosas trilladas de siempre, Midnight Sugar de Tsuyoshi Yamamoto Trio, Belafonte at the Carnegie Hall de Harry Belafonte, Couldn’t stand the weather de Stevie Ray Vaughn y tantas otras, pero me salto todo ese trámite previo para ir al final de siempre. El final alto, quizás ese al que debe su nombre esto del “High End”.Y ese final alto, como saben mis siete lectores, es el tema Brother in arms, del disco de los Dire Straits que lleva el mismo título.

Los truenos retumban, el grave es potente pero controlado, los 18’ pulgadas fuerzan los cristales. El sintetizador me suena más sucio, así debió sonar, sin edulcoramientos, me gusta menos, cierto, pero algo me dice que por primera vez lo estoy escuchando como fue grabado, los medios de 4’ y el tuiter de cinta de las Adam son lo más transparente que he escuchado.

Aparece el Knopfler, la voz carnosa, adentrándose en la zona baja, al centro, inmensa, y la guitarra comienza a llorar y no puedo evitar que la piel se me ponga de gallina, nací en el 73, esta era la banda sonora de mi adolescencia.

Espero la entrada de la batería. Mi cuello gira, señal de aprobación y de impresión. El grave es “gordito”,entiéndase, lleno, potente, “coz de mula”, golpea al pecho y se extiende, inunda la sala, parece querer salirse sin hacerlo, por algo me gusta terminar mis audiciones con este tema. Todo sigue en su sitio, esa faceta de mi vida audiófila sigue bajo control.

Y la confirmación de que estoy ante algo excepcional es la pandereta. Con ese toque metálico que sigue cada golpe de baqueta. Me conozco el tema, sin duda, baqueta, y tras ella, golpe de muñeca agitando la pandereta. En los conciertos no es así, en la grabación de estudio sí. Madera, metal, madera, metal. No falla. El grave no deja de sorprenderme, pero me llama la atención la extensión de los agudos, la Koetsu nunca sonó tan precisa y detalla arriba, no al menos como lo está haciendo ahora. Me dejo llevar encandilado por los teclados de Fletcher y me entrego al tema.

Me levanto del sofá, recorro el trecho que me separa del plato sorteando piezas de Lego y coches de Hotwheelsque se esparcen por el suelo, el pequeño anduvo haciendo de las suyas y es como si no hubiera estado, fue una experiencia de inmersión total. Levanto el brazo, paro el motor, desenrosco el clamper y saco el vinilo para guardarlo en su funda. Así es como deberían terminar todas las audiciones. Será cosa de los armónicos.

Francisco del Pozo, audiófilo de andar por casa y de profesión no relacionada con la escritura.