Soy un mafioso, qué se le va a hacer. Audio Solutions Figaro M

Soy un mafioso, qué se le va a hacer. Prueba de las Audio Solutions Figaro M

Eché un vistazo al último número de Stereophilesintiéndome como un pájaro, porque así lo ojee, a vista de pájaro, pasando páginas sin más, reparando más en las fotografías de la publicidad que daba de comer a Atkinson y Fremer que en el contenido de los artículos. Letra pequeña, apretada y sin sangría. Lo dejé al poco, sintiéndome sin fuerzas para adentrarme en cualquiera de sus contenidos. Lo intenté con HiFi Newsy el resultado no fue mucho mejor, más fotografías, más color, más artículos sobre música, Steve Sutherland, bienvenido seas, pero al final, más de lo mismo. Transitorio por aquí, transitorio por allá. Y esos leading edges. ¿Qué cojones son los bordes de ataque? Al menos eso me arrancó una sonrisa. Ataque de miedo fue lo que sufrió el polaco cuando me vio aparecer por el muelle. Y es que eso de dedicarse a la extorsión, como todo en esta vida, tiene su parte de ciencia. Sí, soy un mafioso, qué se le va a hacer.

Por alguna extraña razón, la gente se piensa que no trabajo y que he de pasar mis horas libres, esas que creen que ocupan toda mi vida, en clubes de striptease, bebiendo, fumando y Dios sabe cuántas otras cosas. Cuando les dices que eres audiófilo suele ocurrir una de estas dos cosas: o bien te toman por un pervertido sexual, o bien piensan que todo lo que tienes en tu sala se ha caído de un camión. A decir verdad, las personas con las que suelo tratar se decantan por lo primero, no saben qué es eso de la audiofilia, creen que tengo un rollo raro con alguna de las chicas del club que regenta mi hermano y toda esa mierda, ya sabes a qué me refiero. El jodido Nicky cree que una Koetsu es un silenciador para su Glok y la primera vez que vio mi Mac 275, se pensó que era una cafetera, el muy cretino.

Luego, están los demás. Se creen que no me doy cuenta. Lo puedo leer en sus miradas, italianini,se piensan, el viejo tópico, mi pelo oscuro y mi piel aceitunada. Se fijan en mi chupa de cuero cuando entro en la tienda y me tienen por un paleto con pasta, un inculto, un tipo zafio que quiere un bonito cacharro para impresionar a las visitas. Sí, así es, no creas que porque sea un mafioso soy tonto. Tú también lo piensas, pero no te preocupes, estoy acostumbrado a ello. Eres de los que creen que se solo se puede ser audiófilo si eres médico o abogado. Chorradas.

Déjame que te cuente en qué nos parecemos. Cuando sales de casa para ir al curro, escuchas en el coche el mismo disco que en casa te suena de muerte. En eso nos parecemos más de lo que crees. Estás delante del teclado de tu puto ordenador y sigues pensando en cómo sonará ese Luxman que tanto te gusta. Sí, te va lo japo, como a mí, ya estamos de vuelta, qué se le va a hacer. Cuando te comes tu sándwich ojeas esas revistas de mierda, como yo, y te sigues encaprichando aún más de ese Luxman 509. Puede que en tu caso sea el jodido Mark Levinson 585, me da igual, ya sabes a qué me refiero. Tus siguientes horas de trabajo las pasas con el puto disco de los Dire Straits sonando en tu cabeza, deseando que termine toda esa mierda que no es más que un modo de pagarte cacharros más y más caros. Así es. Y en mi caso, lo creas o no, también.

Lo que me diferencia de ti es que no me siento delante de esa mierda de rectángulo de plástico con teclas para poder costearme mis últimas cajas, aunque a veces lo desearía, créeme. Le zurré al polaco. Un poco, no creas. A veces con un bofetón bien soltado, es suficiente. Pero como te dije, eso también es un oficio. No pienses que me impresionas porque lleves corbata. Estoy convencido de que si te pusieses en mis Manhattan Richelieus, no tendrías ni puta idea de cómo dar ese bofetón. El caso es que mientras le doy el bofetón al polaco, o le meto el mechero al local del viejo Natalio para sacarme algo de pasta del seguro, al igual que tú, pienso en mis discos de Mobile Fidelity Sound Lab.

A ti te gustan las motos, los coches, la pesca con mosca o irte de vacaciones a Florida con la parienta y los críos. A mí, en cambio, me gustan las pipas austriacas, nunca se atascan, se desmontan rápido y apenas tienen retroceso. Aunque a decir verdad, no he matado a nadie desde 2003, pero eso es otra historia. En lo demás, somos como dos gotas de agua, créeme, tío. Si te digo que estoy hasta los cojones del jodido Fremer, es cierto. El otro día me cargué la Atlas de mi hermano intentando encontrar el SRA adecuado, por su puñetera culpa, así es. Si no encuentras el SRA adecuado no habrá leading edgesque valgan la pena. Y a tomar por el culo la puñetera Atlas. Si yo fuese el maldito Fremer, tendría que rellenar más y más impresos para que Stereophileme consiguiese otra. En cambio, yo he de llevarle muchos sobres llenos a mi hermano para volver a ganar su confianza. La confianza es una moneda de dos caras, y en una de ellas se lee In God we trust. En ese momento hubiera deseado sacar mi Glok. Nicky conoce a un par de tipos que conocen a un par de tipos que le podrían hacer un trabajito al coche de Fremer. Por lo del SRA y tal, ya sabes a qué me refiero.

Mi hermano viene a ser lo más parecido a un jefe que jamás tendré. Hubo un tiempo en que me jodió mucho el hecho de no ser yo el mayor. Ahora, en cambio, visto con perspectiva, creo que no sale a cuenta. Lo de ser un macho alfa y reclamar sobres, te permite mejores etapas, mejores cajas y todo eso, pero creo que no compensa. La última vez que estuve en casa de John haciendo audiciones, el puto móvil no dejó de sonar. Jefe esto, jefe lo otro. Que si no se qué hacer con el chino, que si hoy Jenny no vino al club, que si se acabaron los cannoli de Cortazar´s y toda esa mierda. Tanta ATC 150, tanta Mac 1201 para no poder enchufarlas con calma. No, tío, eso no es para mí. Creo que lo de perseguir a los polacos por los muelles es más lo mío, sin tanto estrés.

Lo quiero como a un hermano y no porque sea mi hermano. De verdad, adoro a ese tipo, le quitas la pose, el aquí mando yo y el quiero mi puto sobre y es un tipo de lo más legal que jamás conocí. Pero estoy cabreado con él.

Vino a casa, lo tenía todo listo. Las etapas valvulares calentitas, imaginaos, las lámparas luciendo en ámbar, con el logo de McIntosh en verde. Pero el muy cabrón no se impresionó. Después de todo, no es fácil impresionar al tipo que mató a Artie Pasquale clavándole un tenedor en el cuello. Lo primero que me soltó es que parecían unas cajas de zapatos, como esos Manhattan Richelieus que llevas, me dijo, esos ridículos zapatos de mil pavos, me espetó. Cuando las escuchó, su cara cambió. Le gustaron, aunque no me lo dijese, lo sé, ya le conozco. No regala los oídos el muy jodido. Fue entonces cuando volvió a preguntarme.

Gedeminas. Gedequé? Gedeminas, repetí. No, no es polaco. La primera vez le dije que era ruso, pero no era cierto. Era de por ahí. Cerca. Lituania. Algún lugar entre Italia y Rusia, más o menos. Cuando le dije lo que costaban, me hizo la pregunta de rigor. Yo le dije que era todo legal, que no estaba a dispuesto a abrir una tienda de audio con mercancía de los cargueros. Entonces me preguntó de nuevo. Audio Solutions, respondí. Figaro B. Se fue de casa pensativo, sin decirme nada, dándole vueltas a mi idea. Le conozco, de veras, en el fondo es un poco como tú, mi hermano John desearía vivir detrás de un teclado, dejar toda esa mierda de los clubes nocturnos, las apuestas, las partidas de póker y los sindicatos y parapetarse detrás de un jodido ordenador. Está hasta los cojones. Desde que murió Marie no ha vuelto a ser el mismo, aunque se esfuerce en aparentarlo.

Sé que la idea de abrir un negocio de audio no le pareció mal del todo, y sé que le gustaron las Figaro B. Por eso le pedí a mi amigo Gedeminas que me enviase un par de Figaro M. Me hermano es americano, le dije, aunque presuma de italiano, le gustan las cosas a lo grande. Si queremos impresionarle, necesitamos más graves, piensa que el tipo tiene un par de woofers de 15 pulgadas en su sala. Gedeminas quiso mandarme la artillería, pero le dijo que no. Conozco a John, pero también conozco la acústica de mi sala.

Llegaron las Figaro M, les di algo de estopa para que se soltasen, ya sabes cómo va eso. Mi amigo Fremer te diría que los transitorios no aparecen hasta unas 100 horas de rodaje. Yo te digo que hay que darles cera, sin más. Si se jode un woofer, mi amigo Gedes me manda un recambio sin problemas. Como te dije, les di cera, se soltaron, y sonaban tal y como me las esperaba. Tan bien como para querer cambiar de aires, tío. Tan bien que te diría que estoy hasta los cojones de perseguir a esos putos funcionarios que me deben pasta. Por no hablar del cabrón ese del abogado Malone. Tan bien como para abrir mi propia tienda de audio y dejar atrás los cafés en vaso de plástico, los perritos calientes y el hierro clavándoseme en el culo cada vez que salgo del coche. Coño, nadie se imagina lo incómodo que es ir cargando con la puta Glok todo el día. Si no fuese porque la mierda de la Beretta falla más que una escopeta de feria, me habría hecho con una. Jodido James Bond, cuánto daño has hecho.

Pero me pierdo, me voy por las ramas y no te cuento el resto de la historia. El caso es que apareció por casa John con su disco de pruebas, todo solemne él, una botella de Chateau de no sequé bajo el brazo, esa sí, caída de un camión del aeropuerto. No dijo ni pío del negocio de audio. Ya se había reído mucho a mi costa hacía un mes. Nada que ver con lo de hacer pelis porno, le dije, este era un negocio 100% legal. Se acercó a las Figaro M, eran otra cosa, me dijo, claro, nos ha jodido, contesté, estas llevan dos woofers de seis pulgadas. El color le gustaba más. Tendrías que ver los dos ataúdes que son sus ATC, no sé cómo tiene huevos de criticar la estética de mis cacharros, en serio, sus ATC son feas a más no poder. ¿Te acuerdas de esas pelis del oeste de John Wayne? ¿Sabes esos ataúdes cutres de madera de pino que el carpintero tiene apilados en la calle? Pues así son las jodidas ATC SCM 150, así que no me tocase los cojones con eso.

 

El tuiter era el mismo, me dijo. En efecto, le repliqué. Pero el medios no ha de hacer el trabajo sucio, hermano, como pasa con la mayoría de los monitores. Hay quien dice que los tres vías tienen su complejidad, la distorsión de intermodulación y todas esas chorradas, pero hay una cosa que es cierta, en unas cajas como las Figaro M, el midwoofer no ha de preocuparse en andar persiguiendo polacos por los muelles, hace lo que debe hacer todo buen hombre de negocios: poner la mano para recibir el sobre. Chúpate esa, Micky Fremer. A ver si eres capaz de escribir algo así en tu columna. Mis Figaro M suenan planas y limpias porque el woofer de medios hace lo que debe hacer, nadie le obliga a reproducir unos bajos imposibles, no tiene porqué ensuciarse con los charcos de ese apestoso muelle.

Empezaron a sonar y me saltó con lo del sonido inglés. Ostias, le dije yo. Si por sonido inglés te refieres a tus ATC, debieras sentirte como en casa con las Figaro M, pero cuidado, John, no tendrías pelotas de mover unas ATC con mi etapa, en cambio, las Figaro M volaron con las Mc 275. John cerró los ojos y se concentró. Como tú y yo, así es él, un audiófilo de la vieja escuela. Yo rompo rodillas y él se lleva la pasta, pero así somos, audiófilos como Dios manda, de los que se concentran en la música cerrando los ojos.

Entonces lo supe, cuando no le dio al skipcada tres segundos, lo tuve claro. Son muchos años cacharreando, tantos como para poder distinguir la típica prueba tocapelotas de la audición. Ya sabes. Mi hermano John lleva dentro a un audiófilo tocacojones, de esos que viven en internet, aunque crea que Wifi es un equipo de béisbol chino, es de esos que se presenta en casa del otro audiófilo con el puto disco de pruebas más jodido que haya sido capaz de grabar. Bajando el nivel de la grabación, sé que lo hace. Una vez me lo pidió a mí. Oye, Sal, podrías grabar este disco con un volumen más bajo? Es que quiero ir a la tienda de audio de la calle 54 a tocarle los cojones al judío que la regenta, ya sabes de qué va esa mierda. En esta ocasión no fue así. No diré que le viese tocando la batería en el aire mientras sonaba So fa awayde los Dire Straits, no, pero le vi concentrado, y lo que es más importante, aguantó la canción entera. Y ahí no quedó la cosa. Saltó directamente a la pista de School de Supertramp. Ratonera a más no poder, ya sabes, y eso que su versión es de MoFi, pero da igual, aunque la mona se vista de seda…

La aguantó de principio a fin. Bueno, a decir verdad, no es que la aguantase, eso no sería justo. Le encantó. Como mis ATC, me dijo. Y una mierda, le contesté yo. Tus ATC están muertas arriba, las Figaro M tienen vida, suenan planas, tienen detalle sin ser estridentes, suenan a caja moderna. Así hablamos él y yo. De cajas planas, o lo que es lo mismo, con una respuesta en frecuencia plana. Un día os contaré lo de aquel ingeniero de sonido que vino a casa a medir mi sala y a enseñarme algo de ecualización. Me debía un par de miles, con intereses. No fue mal trato después de todo. Escena cojonuda, hermano. Lo sé, lo sé, estuve toda la semana haciendo prueba con ellas, le contesté. Y verás que el grave no se parece en nada al de las de las Figaro B que escuchaste el mes pasado. Joder si es cierto, dijo él. Parece mentira, dos woofers de seis, menudo grave, por momentos diría que son de ocho pulgadas. Y no le faltaba razón. Tienen tanto grave que parece que hubiera algún subwoofer escondido por algún rincón. Llámalo extensión, llámalo profundidad, llámalo como quieras, los graves van de pelotas.

Esta sí es redonda. Tiene de todo de lo bueno, un poco. Una mierda, John, tiene de todo de lo bueno en cantidades industriales. Y casi las regalan, teniendo en cuenta la locura de precios del jodido judío de la calle 54, cajas con diamantes, joder, se nos está yendo la cabeza, hermano, quiero que resuciten al puto Kennedy.  Limpias, sin distorsión, los medios transparentes, agudos extendidos, detallados pero sin chillar, y esa patada tan agradable, esa que hace que Knopfler levite. Y no te olvides de la carnosidad de la voz de Belafonte. La leche, sí, hermano, tienes razón, el jodido Belafonte estaba ahí delante, un par de metros detrás de las cajas, y no creas que no me di cuenta de los metales que suenan por el canal derecho. Son realmente difíciles de apreciar en cajas de esas que llaman neutras. Exacto, John, así es, yo también lo pillé.

Cuando le dije el precio al que las podríamos vender, se sonrió para sus adentros. Él cree que no le veo, pero sé que se ríe de ese modo cuando no me quiere dar la razón. No, le dije, Gedees un tipo legal, nada de palos a almacenes, nada de agentes de aduanas sobornados, nada de mercancía chinorris. Diseñadas y fabricadas en Lituania, importadas legalmente y con un precio decente dentro de la indecencia. Las venderíamos como rosquillas, se merendarían a las gamas medias de Bowers, Focal, ATC y todos esas marcas pijas que reservan la gama alta para los magnates rusos. No hay nada que se le acerque a ese nivel de precios, salvo las Adam, pero ya sé que no te gustan las cajas Pro, John, y son feas como culo de mona, lo sé, lo sé. Te hablo de una ganga, las venderíamos a manos llenas a esos gilipollas del distrito de Cerro Alto con sus jodidos Lamborghinis y Ferraris.

Prometí dejar fuera a Nicky, no ponerme en la tienda mis Manhattan Richelieus y dejar mi Glok en la trastienda, pero el muy cabrón, aunque se hubiera quedado impresionado con las Figaro M, siguió sin hacerme caso en lo del negocio del audio.

Dios, cómo deseo dejar de tener que perseguir a esos polacos degenerados por el muelle. 

 

Nota del autor:

Para esta prueba se usó un previo streamer de Mc Intosh, el MB50 y una etapa Pass Labs X30.5, aunque en el relato se haga referencia a una Mc275. Por coherencia con el persona de mi novela, me vi en la necesidad de mantener la ficción. Por esta razón en las fotos se ve la Pass en lugar de la Mc 275.

 

Riego a mis siete lectores sepan personar el lenguaje soez de mis personajes. Los hermanos Brancaglia son dos personajes de novela negra, mi propia novela, dos mafiosos de poca monta hechos a los bajos fondos.

 

Francisco del Pozo, escritor y aficionado al audio de los de andar por casa.

 

 

Noviembre de 2018.