Amplificador integrado MARK LEVINSON Nº 585

La bestia visita mi audioguarida

El Nº 585 se pone en marcha lentamente, tomándose su tiempo, anunciando que lo bueno se hace esperar. Mientras tanto, vuelven a mi memoria las razones por las que Mark Levinson me gusta tanto. El niño que vive dentro de mí consigue imponerse al adulto, al mismo hombre racional que hace no mucho se vio en la tesitura de citarse con el señor Harman detrás de la tapia de un cementerio. Hubiera valido el florete o la pistola, eso hubiera sido lo de menos. Afortunadamente, algo parece estar cambiando en el grupo, que ahora pertenece al gigante Samsung. Hace unos cuantos meses, después de mi tropiezo con la etapa Nº 432, no me hubiera planteado que nada que llevase las letras M y L entrase por la puerta de casa.

El entuerto se resolvió, la respuesta del servicio técnico fue excelente, y al poco, decidí hacer las paces con el señor Harman. Hoy tengo un soberbio previo de Mark Levinson en casa, el Nº 326s, uno de los mejores previos que jamás he tenido, heredero de los 38 y 380s, que también formaron parte de mi equipo en un momento u otro.

Cuando me ofrecieron la oportunidad de probar en mi audioguarida el Nº 585 fue algo parecido a esa oferta que no se puede rechazar, a pesar de sus colosales dimensiones y un peso de cerca de 35 kilos, puro acero americano al estilo coreano. Cada uno de los escalones que llevan a la segunda planta de mi casa dan fe del peso del aparato. Viene a ser algo así como una Marilyn Monroe a la que subes entre tus brazos, susurrándote al odio, prometiéndote una noche eterna, lo sublime tiene su precio.

No te aburriré con los detalles técnicos. Me tengo por audiófilo de los de andar por casa, no tengo formación técnica, todo lo más, no paso de enteradillo, de esos a los que les gusta saber el número de transistores que monta por canal, el tamaño del transformador y la capacidad de filtrado de sus condensadores. No sé el porqué, una parte un tanto turbia de mí siente fascinación por los condensadores y la capacidad de filtrado de un amplificador. De hecho, creo que compré la joya de mi corona, la etapa Yamaha MX10000 por sus condensadores secretos, los de 100.000 microfaradios que se esconden a la vista, debajo de “los oficiales”, los de 44.000×2 microfaradios que suelen verse en las fotografías que circulan por la red. 

Por alguna extraña razón que ignoro, el Nº 585 no lleva condensadores, pero te diré que sí monta 12 dispositivos de estado sólido por canal y que en la mejor tradición de Mark Levinson, lleva un transformador que bien podría pasar por un queso de los que asustan por su precio.

Personas mucho más cualificadas que yo han escrito antes acerca de este integrado. Podrás deleitarte con sus características técnicas, el número de entradas y salidas, las características de su excelso DAC y más cosas en las pruebas publicadas por Miguel Ronda, HiFi Newsy Stereophile.Sé que me lees porque te cuento las cosas de otra manera, te gusta mi forma novelada, mi aversión por los transitorios y mi forma de vivirlo, tal y como tú lo harías.

Acariciando a Marilyn

Si por algo me gustaron siempre los ML es porque son hierros, elegantes y atractivos hierros, vestidos de etiqueta, pero muy hierros. Los ML visten de etiqueta, siempre dispuestos a acudir a un cóctel, entrando por la puerta para robar cada mirada. Un Levinson nunca pasará de moda porque para ellos la moda es irrelevante; tienen algo mucho más importante, estilo. Y el estilo no pasa de moda. Son tres colores, solo tres, negro, gris y rojo. De hecho, el rojo escasea, es apenas un complemento estético. Pero hay algo en este integrado que lo hace diferente: los destellos rojos que emite desde su interior, la circuitería del DAC se deja sentir también con la vista.

El tacto sigue siendo el de siempre, aunque en el Nº 585 percibo más calidad. Los dos grandes mandos giratorios tienen la misma solidez, destilan calidad en su movimiento giratorio, el sonido de los relés sigue formando parte de la experiencia de acariciar a Marilyn, pero ha mejorado. El control de volumen fluye mejor que en mi Nº 326s y eso es mucho decir. Cada uno de los botones de color gris que se sitúan bajo el display, tiene un movimiento más lineal, ausente de las holguras que sí están presentes en todos los ML que pasaron por mi audioguarida.

Y dado que no estoy a sueldo de nadie, puedo permitirme el lujo de decir lo que no me gusta. De hecho, lo detesto: los malditos conectores tipo tornado, o como los quieras llamar. Hacen de las amplificaciones de ML algo semejante a los Naim o los Linn, señas de identidad más que de utilidad, porque a decir verdad, pocas conexiones conozco que sean así de arriesgadas en caso de tirón accidental. Obligan al empleo de los dichosos spades, que los dioses del audio me perdonen.

Midiendo los guantes contra el Yamaha AS3000

A mi integrado de referencia se le torcieron los vúmetros cuando el Nº 585 apareció por casa. La suerte, esa sádica caprichosa, quiso que el ML fuese a parar a la balda superior, la reservada a otro icono, la etapa de McIntosh MC275. Fue algo así como un latigazo seco. 

Solo quien no lleve mucho en esto del audio se atrevería a decir que Yamaha es una marca generalista. Yamaha ha vuelto, y lo ha hecho de la misma forma en que despiertan los colosos, abriendo grietas en el pavimento a su paso. El AS3000 es soberbio del primer al último tornillo, y además, tiene una de las estéticas sonoras más agradables que he escuchado. Por decirlo de forma breve, me tiene fascinado. Y como no soy de esos audiófilos que defiende lo suyo como si le estuviesen manchando la honra, puedo reconocer sin tapujos que gustándome como me gusta, no se siente cómodo con mis ATC SCM40 mk2. Malditas sean las ATC, cada vez más hastiado me siento con su timidez, no son lo mío, me gusta más lo voluptuoso.

La primera pareja que presenté al Nº 585 fueron las ATC. Quería comprobar si el 585 era capaz de llegar donde no llegaba el Yamaha AS3000.  Invisible Mande Queen llevaba varias semanas sonando en mi cabeza, así somos los audiófilos de andar por casa, vinilo recién estrenado. El resto ya lo conocéis si me habéis leído, en esta ocasión el plato SME 15, con brazo SME V, la Air Tight PC1 Supreme, la cápsula de un magnate ruso, y el Luxman EQ500.

No esperes de las ATC el punch de unas JBL 3900 (próximamente en mi blog: www.franciscodelpozo.com). Con las JBL un gorila macho de 300 kilos te golpea en el esternón, con las ATC un chimpancé toca una pequeña batería ante ti. Soy más de gorilas que de chimpancés, qué se le va a hacer. El problema de las ATC es que no sabes si el chimpancé acertará a no a golpear la membrana de la batería, si la amplificación estará o no a la altura de las circunstancias, lo que te hace pensar si realmente suenan o no tan bien cuándo te ves en la necesidad invertir el rescate de un rey en hacerlas sonar. Y cuando lo hacen, cuando por fin comienzan a sonar como es debido, la balanza se inclina con desmesura hacia el lado de la amplificación, lo que a mi modo de ver, constituye un problema.

Si las ATC no están bien amplificadas, te llegará a los oídos una especie de masa emborronada, un sonido sucio que parece situarse en la zona de los 150-200 hercios, echando a perder el punchde los 90 hercios. Por más que el driver de 4’ haga su trabajo, el woofer hará que la jaula de monos cobre protagonismo. Así ocurre con mi Yamaha AS3000, se lleva mal con las inglesas.

Al Nº 585 le fue un poco mejor. Desde los primeros acordes del bajo de John Deacon, quedó claro que el 585 compite en la categoría de los gorilas, pero para serte sincero, no en la de los de 300 kilos. Tan fino como el Yamaha, más contundente, más solidez en el control del grave, pero como siempre ocurre con las ATC, un grave que me sabe a poco.

Nada que objetar de la combinación en otros muchos aspectos. La escena sonora es tan amplia como permite mi guarida. Los planos sonoros correctamente estratificados, déjame que me explique: el MoFi de Brother in Armsfue la elección perfecta para poder situar cada voz, cada coro, cada instrumento. Sting flota en el aire justo donde debe flotar en Money for Nothing. No te cuento nada nuevo, ”quiero mi, quiero mi, quiero mi (dinero)”, envuelto en una burbuja de seda, cerca de medio metro por encima del resto de la música, a veces atrasada, mientras el teclado se viene al frente. Eso hace el Mark Levinson 585, tal y como lo hace mi previo Nº 326s. También lo hace el Yamaha AS3000, pero sin ese plus de consistencia en el bajo al que antes me referí.

Desayuno con diamantes.

Creo que los aficionados odian las Bowers & Wilkins en la misma medida en que la prensa las adora. Por eso he procurado tener siempre un par de ellas rondando por casa. Creo que la razón de esa relación amor-odio tiene mucho que ver con la excesiva presencia de la marca en los medios. También creo que, guste o no, siempre ha habido en ellas mucho de espejo en el que mirarse. La introducción del cono de kevlar pronto se quedó corta, la competencia podía conseguir unos medios más nítidos, y el tuiter Nautilus, pese a su excelente dispersión, podía resultar algo intimidante. Fuere como fuere, nadie puede negar que el secreto del éxito de un monitor como el 805 es precisamente ese, su condición de referente, una vara de medir a la que se han acercado siempre los demás, aunque fuese para superarla.

Por esa razón, y por muchas otras que no vienen al caso, en una batalla entre las Focal Sopra y las B&W 805d3, salieron ganando las 805d3 que ahora tengo en casa.

Las 805d3 suenan bonitas con la Mc275, gloriosas válvulas, bellas con el Yamaha AS3000, y soberbias con el Nº585. Mientras le doy a la tecla, en este momento, el 585 arrancaa las 805 unos graves que creí reservados para mis amplificaciones más serias: la etapa de Yamaha MX10000 y la Mc 452 del mito (mis siete lectores ya sabéis cuál es el mito).

El Yamaha AS3000 parece querer comerse a los bebé Nautilus. El Nº 585 se los traga. El Yamaha hace que el tuiterde diamante sea rico y detallado, con mucho aire, nada incisivo. El Nº 585 lo consigue también pero sin dejar atrás nada en el camino, es como si quisiese imponerse a los viejos tópicos audiófilos, te mira a la cara, desafiándote, enarca las cejas, tuerce la boca y como si masticase las palabras, te dice: ¿quién dijo que un amplificador potente no puede ser detallado? Tráeme algo de válvulas –añade- enchúfale esas malditas ATC y entonces dímelo a la cara.

El DAC

Tan bueno como el de mi previo McInstosh C52 o el de mi lector de Yamaha, el CDS 3000, cerca de 4.000 euros de fuente digital. Honestamente, no he notado que el sistema propietario Clarify aporte ventajas en aquellas grabaciones que son de peor calidad, pero dejando a un lado ese aspecto menor, el DAC interno del Nº 585 es todo un prodigio, y no solo en lo sonoro, sino en su facilidad de manejo. Todo un plug&play, a diferencia del de Yamaha, que exige instalar en el ordenador un software específico para que ambas máquinas se puedan entender.

Me limité a conectar el mismo cable USB que empleo con el CDS3000 y sin necesidad de realizar ninguna otra tarea, el Mark Levinson reconoció a la primera al ordenador. ¿O quizás fue al revés? Mi ordenador reconoció a la primera el ML, sin necesidad de andar hurgando en los entresijos de configuración de Sonido, MIDI  y demás aditamentos.

 

El Nº 585 como previo

Podría resumirse la biografía del 585 yendo directamente al fin. En su epitafio podría leerse “virtualmente indistinguible del preamplificador 326s”. Así de bueno es.

Desde que leí la prueba publicada en HiFi News, enamorado confeso como soy de los preamplificadotes de la marca, no pude evitar  fantasear con la idea de cómo sería el 585 como preamplificador. Me hubiera encantando que tuviese salidas balanceadas con conectores XLR, y de haber sido posible, al menos un par de ellas, para poder configurar un sistema 2.1 con mis 805 y los subwoofers de 18’ que tengo en mi equipo.

En este sentido, no negaré que tanto mi Mac C52 como mi ML 326s son más versátiles, como corresponde en preamplificadotes dedicados. Si por algo me gustan estos previos es porque ambos son un consumado espectáculo de coquetería para el cacharrero empedernido. Puedes tener conectado al C52, simultáneamente, las cajas activas Adam S3V con los subwoofers de 18’, y al mismo tiempo, para el día que te sientes “pasivo” una etapa de potencia con la que amplificar las 805 o las ATC.

El Nº 585 no ofrece tanto, pero lo que ofrece es mucho: un par de salidas RCA con las que emplearlo como preamplificador de referencia. Sin tanta versatilidad, pero con la mismísima calidad sonora del 326s. Por si sirve de parámetro comparativo, el 326s tenía un PVP cercano a los 13.000 euros.

En esencia. El Nº 585 es una leyenda, uno de los mejores integrados del momento, es un DAC soberbio y una sección de preamplificador que se trata de tú a tú con una de las referencias de los últimos tiempos, todo en un mismo cuerpo y con redaños suficientes como para competir en fuerza con los gorilas. ¿Qué más se podría decir, que se dejase comprar? Es que lo sublime, querido lector, tiene su precio.

Francisco del Pozo, audiófio de andar por casa.