JBL SYNTHESYS S3900

Me acerqué a ellas despacio, como si se tratase de un animal bello y esquivo que fuese a emprender la huida al intuir mi presencia. Seguían tan imponentes como se aparecían en mis sueños, una belleza entre atemporal y sobria, poca estética y mucha función. No podrías decir de ellas que están pasadas de moda porque la moda nunca les importó, la moda se creó para desvanecerse, siempre caduca, efímera. El estilo, no. Y las JBL 3900 tienen estilo a raudales. Podrían entrar en el Ritz con un sombrero Stetson y unas botas de piel de serpiente y nadie se asombraría, así irrumpían en los setenta las estrellas del rock o los magnates del petróleo, el mundo les pertenecía y nunca era suficiente. 

En cierta medida recuerdan a uno de esos ataúdes de las viejas películas del oeste, dos pijamas de madera con los que podría enterrarse a un par de retacos castigadores. De no ser por el tacto del Sono-Glass,material empleado en el elemento de dispersión del driver de compresión y por el aspecto imponente de los dos woofers de 10 pulgadas, las JBL 3900 podrían ser otro gran éxito de los años 70, cuando el rock cotizaba al alza y una patada en el pecho era sinónimo de musicalidad. Después, todo se civilizaría. No es así con este par de bestias. Están ahí para recordarte que las cosas siempre debieron ser así, que las salas de música debían ser lo suficientemente grandes como para poder alojarlas sin problemas, opulencia en estado puro.


El sistema empleado para la prueba

Si echas un vistazo a la página web de JBL Synthesis creerás haber viajado en el tiempo. Podrás observar mobiliario vintage, el mismo que tenía Johnny Cash en su rancho, muebles sobrios, moquetas de color ocre y unos diseños acústicos que parecen ser los mismos desde hace décadas. Después de todo, no hay razón para cambiar algo cuando funciona. Y sin embargo, nada es como antes. La receta puede ser similar, pero la tecnología ha hecho acto de presencia. Los transductores se han modernizado, JBL domina a la perfección la fabricación de los componentes y apuesta por la alta sensibilidad. Las Everest y las K2 están allá arriba, en el Olimpo de los Dioses del audio, sonriendo para sus adentros cuando algún mortal se atreve a hablar de sonido inglés. Las cajas de zapatos jamás debieron aspirar a convertirse en altavoces.   

Llama la atención la comedida timidez de la hoja de especificaciones técnicas. A pesar de los dos grandes woofers, a pesar del generoso recinto, pese a contar con un puerto por el que Mike Tyson podría meter el puño, las 3900 no bajan de 33 hercios. Alguien debe estar burlándose de las leyes de la acústica, cada vez más fabricantes anuncian sonido plano hasta los 20 hercios con configuraciones más modestas que estas. Si escalamos en el catálogo, veremos que la historia se repite. Las hermanas mayores, las colosales 4700, con un woofer de 15´, anuncian una extensión en graves de hasta 38 hercios. Ver para creer. Apostaría mi colección de MoFis a que, micrófono en mano, las 3900 descienden hasta profundidades abisales. Viene a ser algo así como un motor alemán de seis cilindros, siempre tiene más condecoraciones que las que indica su hoja de servicio.

Los dos woofers de 10′

Las JBL 3900 son insolentes. Vienen a desterrar creencias, por arraigadas que estas sean. Un driver de comprensión para los medios, hecho en titanio, con bocina de dispersión, se siente cómodo con el sombrero Stetson, las botas de piel de serpiente y un frac. Me habré cansado de decir que la ventaja de un transductor de 4´ reside en el hecho de no verse obligado a moverse más allá del punto en que la excursión deja de ser lineal. Sigo creyéndolo, al menos cuando me refiero al resto de cajas, porque así son las JBL. Están las JBL, y después, el resto.  El driver de medios trabaja entre 800 y 12.000 hercios, sí, lo sé, tienes razón. Pero además, lo hace sin distorsión. Olvídate de los mitos, mejor dicho, deja atrás los falsos mitos, las bocinas no distorsionan. Al menos, no lo hacen estas. 

La zona alta, si se quiere, la ultra alta, se confía a otro transductor de cúpula de titanio que se extiende hasta los 40.000 hercios. Si estás entre los que compiten con el delfín, estás de suerte. 

Por lo demás, no encontrarás en esta gama de JBL conectores de rodio y paladio, diamantes o madera de palo de rosa africano. Parecen espartanas porque son espartanas, porque nada, salvo el sonido, es importante. Han venido para callar bocas, no para acaparar las  miradas.

Con 92 decibelios, la etapa Pass Labs X30.5 se sintió cómoda. Por momentos pensé que la aguja protestaría. Pero no fue así. Cuatro woofers de 10 pulgadas pueden resultar muy exigentes, pero en ningún momento la etapa Pass flaqueó, y creedme, le di sobrados motivos para hacerlo, no todos los días te dejan probar unas JBL de las grandes a todo trapo. No iba a desaprovechar la ocasión, y no lo hice. Las apreté. Con saña, como si no hubiera un mañana. 

La JBL S3900

Por poner las cosas en su contexto, he de decir que las últimas cajas del entorno de los 20.000 euros que tuve ocasión de escuchar fueron las B&W 802 d3 y las Focal Sopra 2. En aquel entonces, dispuesto como estaba a atracar un banco, o llegado el caso, a estafar a amigos y familiares, decidí apostar a un jamelgo feo pero muy rápido: un par de Adams S3V con subwoofers de 18’. Sí, has leído bien, cajas proy subs de 18’, ¿quién dijo miedo? Te invito, amigo lector, a que leas una editorial que publiqué hace un mes sobre la configuración de mis sistema y las banderas que no enarbolo, puede que así entiendas mejor mi forma audiófila de pensar. No le hago ascos a lo que suena mejor, sin importarme su pedigrí. Y no me pagan por esto, soy libre de decir la verdad, aunque sea mi verdad. Después de todo, mis opiniones son criticables, y mis resoluciones, recurribles.

Siendo, como son, muy buenas cajas, tanto las B&W 802d3 como las Sopra 2, me quedó claro que el camino no era ese. Puedo sostener sin ningún tipo de pudor, que mi“modesta”configuración pro supera a cajas comerciales de 20.000 euros. Y así era hasta que las JBL se cruzaron en mi camino. 

Por seguir contextualizando, podría seguir contándote que hasta no hace mucho, las B&W 801 D eran mi referencia. Bien pensado, por el precio de mi sistema pro, podría haberme hecho con un par de 801D,  pero la certeza de que el altavoz de medios de kevlar está superado, me hizo desistir. Y creo que acerté. Aún así, no me tengo por necio, y cuando voy a escuchar algo, no albergo ningún tipo de idea preconcebida. Todos conocemos a ese audiófilo recalcitrante que está enamorado de sus cajas ACME. En realidad las cajas ACME solo suenan bien en su mundo imaginario, y quiere que siga siendo así, porque nunca se fabricará caja mejor que la ACME, aunque se trate de una caja de zapatos con agujeros en lugar de transductores. Así de complejos somos los audiófilos, qué se le va hacer. En mi opinión, es una torpeza, aunque no me las pueda permitir, si escucho algo mejor que lo que tengo en mi audioguarida,no puedo engañarme a mí mismo. Ese tipo de engaño es de la peor especie. 

Driver de compresión, super tuiter y Sono-Glass

Creedme, las JBL 3900 están en esa categoría. No en la de las cajas de zapato con agujeros por woofer, no, me refiero a aquella otra en la que se agitan tus más sólidas creencias. 

Empecé con algo de Belafonte, Jamaica Farewell.Pensé que lo tenía delante. La voz entre dulce y carnosa, emergiendo de entre las dos cajas, moviéndose por la sala como si fuese el Carnegie Hall, sintiendo cómo la voz se insinuaba antes en su garganta. Solo recuerdo una caja que haya producido un efecto semejante, las Martin Logan Summit. En efecto, escena cuasi holográfica, pero sin los defectos que atribuyo a las Martin Logan. 

Seguí con algo de los Dire Straits. He de admitir que So Far Wawayse me está empezando a indigestar, pero no deja de ser una pieza de referencia a efectos comparativos. Como antes, la voz carnosa, convertida en un ente corpóreo delante de mí.  El grave, rotundo y rápido, los agudos muy presentes, pero sin la estridencia que en ese momento empecé a atribuir a mis Adam. Ver para creer, la vida del audiófilo inconformista es una ironía permanente. Mi referencia, mis propias cajas, tan neutras, tan detalladas, tan cristalinas, tan rápidas, tan todo, de repente, empezaron a quedar en evidencia. Algo mejor se había materializado ante mí. 

Era el momento de rendirse a la evidencia. El excelso, magnífico, superlativo tuiter de cinta de mis Adam S3V parecía estridente al lado de la fluidez y suavidad de las JBL. Tan detalladas como las Adam, pero sin un ápice de agresividad, todo amabilidad, sonido educado en colegio inglés, que no sonido inglés. 

No es fácil conseguir que los metales suenen aireados(chúpate esa, Micky Fremer) en ese tema. A decir verdad, hasta que no juegas en las grandes ligas no sabes cómo de aireados(en la espinilla, Micky) pueden llegar a ser. Lo habrás escuchado hasta la saciedad, una suerte de onomatopeya que suena parecido a un pitchsss. En ocasiones, con algo de suerte, podrías dejarlo en las tres últimas eses. Ponle algo de válvulas y unas ATC SCM 40 y creerás que hasta las eses han desaparecido. Con las JBL, hay variospitchsssesentre los pitchesss.

Etapa Pass Labs X30.5

La batería sonó tal y como la recordaba Stan Ricker, o mejor. Hablamos de gorilas macho de 300 kilos o más. En este caso, una pareja de ellos. Sin guantes. Directo al esternón. Las JBL 3900 son unas cajas muy del zoólogo, entre delfines y gorilas, así es como siempre fueron. Y a riesgo de hacerme repetitivo, con la tridimensionalidad y el carácter holográfico que caracteriza a un buen panel electroestático. 

Otra de las impresiones que siguen persiguiéndome un mes después de la audición, vino con otro de los viejos clásicos de pruebas. Midnight Sugar, de Tsuyoshi Yamamoto Trio. Sé que me lees porque no te hablo de transitorios o leading edges.Es un secreto a voces que para el audiófilo medio, eso de los transitorios viene a ser como un puré de brocoli en un restaurante de esos que coleccionan estrellas Michelin. Entre tú y yo se ha establecido un vínculo especial porque sabes que no te voy a soltar un vocablo inventado para que esto quede cooltureta,no, no van conmigo. Pero he de admitir que me gustaría poder inventar un nuevo conceptocoolaudiófilopara describir el piano que escuché ese día. Así de cierto. A decir verdad, no era la primera vez que me pasaba. 

He vivido una experiencia similar en dos ocasiones: la primera fue en una feria de audio con las Nautilus originales. La segunda, escuchando Hotel California,de los Eagles, con unas 801 D. Y cuando me creía curado de espantos, vuelve a ocurrirme. Y vuelvo a encontrarme corto de palabras. El calificativo “mejor”, se queda corto. Decir distinto, es tanto como un eufemismo. Aún sin poder explicarte cómo escuché las notas del piano, déjame que te diga que jamás las escuché tan sumamente melódicas. Si pudiera explicarlo valiéndome de un dibujo o fotografía, diría que había más espacio, más tiempo entre nota y nota. Puede que fuese porque había más dispersión, más aireación, mayor fluidez, más dinámica, más rapidez, llámalo como quieras, pero el hecho cierto es que jamás había escuchado ese piano así. 

Driver de compresión

Había albergado falsas expectativas, puede que eso resuma todo lo que trato de escribir, puede que me hubiera resistido a creer que unas bocinas podían ser tan fidedignas, quizá en algún lugar recóndito de mi mente de audiófilo de andar por casa hubiera relegado a las JBL a la galería del rock, la presión sonora y la espectacularidad, el ignorante que habita en mí jamás les dio la más mínima oportunidad de que sonasen fieles y transparentes. Y me equivoqué.

El carácter cuasiholográfico al que me vengo refiriendo, cercano, muy cercano al de un panel, volvió a sorprenderme con School,de Supertramp, tema ratonero donde los haya. No nos engañemos, jamás sonará como una grabación moderna, es fruto de su época, por más que sea una edición UHQR de Mobile Fidelity. Las JBL no llegan a la presentación de escena sonora que tienen los paneles, pero llegan mucho más lejos en otros aspectos, así ocurrió con School. La armónica que abre el tema me supo tan rica como los pianos, las voz de Hodgson tan estrangulada y femenina como la recordaba, pero más grande, más presente, ya no era el vago recuerdo que suele ser con otras cajas, una voz minúscula perdida en la mezcla. 

McIntosh MB50 previo y streamer

Llegó el chillido de los niños jugando en el patio del colegio, y pareció que el colegio estaba allí, un par de metros por detrás de las JBL. Cuando los niños silenciaron, la batería, rotunda, inundó la sala. Más tarde los metales me confirmaron esa sensación de fluidez y limpieza que había percibido con otros temas, agudos muy detallados, tanto o más que con una caja de transductores convencionales, pero libres de cualquier signo de artificialidad, nítidos, transparentes, con gran dispersión, y agradables, muy agradables. 

Terminé la audición con el último de los temas de mi propio disco de pruebas, Light my fire,versionado por la Barber. Aún cuando se me pueda tachar de reiterativo, vuelvo a insistir en el muy relevante dato de que estoy habituado a dos subwoofers de 18 pulgadas, lo que hace que solo unas cuantas cajas acústicas puedan impresionarme realmente en el apartado de las profundidades. Siempre empleo el símil del gorila cuando, en realidad, mi sistema, con esas dos enormes paelleras, se asemeja más a un rinoceronte de una tonelada embistiendo. Con este tema, las JBL se ganaron el derecho a entrar en la liga de los rinocerontes. 

No todos los días se puede escuchar cajas grandes, menos aún si son unas JBL. He dejado transcurrir un tiempo desde que las escuché, las prisas no son buenas consejeras y muy probablemente hubiese sido el entusiasmo, y no yo, quien escribiese estas líneas. Después de todo este tiempo de reposo, hay una cosa que sigo teniendo clara: antes o después, si me lo puedo permitir, unas de estas, o sus hermanas mayores, las 4900, terminarán en mi audioguarida. Con eso creo que lo digo todo. 

Francisco del Pozo, audiófilo de andar por casa.