La cima del audio, Yamaha Centennial CX y MX10000

El señor Torakusu Yamaha fundó Nippon Gakki Co. Ltd. en el año 1887. Leerás en Stereophile muchas pruebas de productos de marcas que apenas van más allá de 1.980. Solo unas pocas podrían decir con orgullo que su tradición se remonta a la postguerra. Pero si nos remontamos a la época en que las sufragistas provocaban revueltas en Trafalgar Square, los viejos aristócratas se marchitaban, las barbas puntiagudas estaban de moda, el cubismo se hacía popular, al igual que la música de Bernstein y la nobleza perdía la costumbre de figurar en primer plano, ansiando vivir a su aire y a su placer, hemos de referirnos necesariamente a Yamaha.

En cierto modo, resulta curioso comprobar cómo en pleno auge de la sociedad de la información, en la que los contenidos se devoran, las noticias caducan a los cinco minutos, y el estado de opinión se impone sobre la razón, sigue habiendo cosas eternas, aunque ignoremos que lo son, aunque hayamos creado falsos mitos y hayamos desterrado a los que nunca debieron marcharse. Algo así parece haber ocurrido con Yamaha. 

De no ser por su reciente serie AS, podríamos apostar a que los aficionados que empiezan a peinar canas, conciben Yamaha como un fabricante de motocicletas, pianos y equipos de cine en casa. Ha sido necesario que alguien pisase en la cola del león para despertarlo. Y no lo hizo con un bostezo, ni con la mansedumbre que impone la viabilidad comercial de las grandes superficies. A decir verdad, habría que reconocer que Yamaha, Technics, Sony y Pioneer, nunca se fueron, solo estuvieron aletargadas.

La semejanza de la  nueva línea AS de Yamaha con lo que fue el pináculo de la excelencia, la combinación CX y MX 10000, es más que evidente. Vúmetros, laterales de madera, la ornamentación de los paneles metálicos, el tacto, la obsesión por el diseño, en suma, todo, nos lleva a la época en la que la Alta Fidelidad perdió su nombre. Hoy es cosa de magnates rusos y chinos, de diamante y fibra de carbono, de cápsulas de 10.000 euros y cables criogenizados, pero hubo un tiempo en que lo más, era la serie Centennial de Yamaha.

Allá por 1987 la corporación no tenía nada que demostrar. La competencia arreciaba, la estratosfera se la disputaban Yamaha, Luxman, Technics, Nakamichi, Marantz, Sansui y algún otro al que ahora dejo injustamente en el tintero. Era algo así como la guerra fría llevada al mundo del audio. Yamaha contra Luxman, dos grandes pesos pesados que vivían ajenos a Mark Levinson, Krell y otras tantas que estaban por venir. 

Fue el año en que Yamaha decidió celebrar sus 100 años diseñando la que se ha venido a convertir en una de las piezas de audio más codiciadas de todos los tiempos, la serie 10000. El consejo de administración lo tuvo claro, los ingenieros, muy fácil: presupuesto ilimitado para diseñar y construir los cuatro mejores componentes que la tecnología permitiese. Se construirían solo 100 unidades, una serie limitada para preservar el status del mito. 

Puede que fuese porque uno mismo ya se ha adentrado en esa franja de edad en la que los números han dejado de importar y son aún más difíciles de adivinar, o sencillamente porque más de veinte años de afición obligaban a explorar otros terrenos. Fuere como fuere, en 2017 empecé a interesarme por el audio vintage. Primero vino un Marantz model 2273, después una Mac 275, y siguiendo por esa peligrosa senda, se hizo más que evidente que las piezas con las que alcanzaría la cima, serían los componentes de la serie 10000 de Yamaha.

El preamplificador CX 10000 y la etapa MX 10000 son dos grandes joyas audiófilas que, de cuando en cuando, aparecen en el mercado de segunda mano a precios realmente prohibitivos. Podrías comprarte un par de componentes de Mc Intosh o de Mark Levinson por el mismo precio. Así de caros son. Llegué a ver la gama completa, es decir, los cuatro componentes, el previo, la etapa, el previo de phono y el lector de CD por 40.000 euros. Demencial.

Después de varios meses de búsqueda, un tendero de Berlín especializado en audio vintage, puso en venta mis dos unidades. Después de intercambiar varios correos electrónicos, las joyas llegaron a casa. Carecían de los embalajes originales, pero con dicha salvedad, las piezas venían con todos sus accesorios, incluyendo los manuales y el mando a distancia, lo que en el caso del previo, lo convierte en una unidad con mayor cotización en el mercado. El mando a distancia, siendo, como es, fruto de su época, una caja rectangular de plástico barato, cercano a lo que podía verse en los televisores de culo gordo de la época, es sumamente difícil de encontrar. Las pocas unidades del CX 10000 que he podido ver por Internet, carecen de él. 

Deshacer el cofre de madera me llevó un par de horas. El vendedor había confeccionado una suerte de arcón de maderas prensadas, atornilladas hasta la extenuación. Los dos transportistas sufrieron para poder dejar el gran cajón en la puerta de mi casa. Podéis imaginar que la tarea para un solo hombre, pasaba necesariamente por abrir el arcón y sacar las dos unidades. 

El CX10000 es mucho más que un preamplificador. Yamaha no solo quiso crear un previo de referencia. Diseñó una unidad de control a la que implementó un sistema DSP, el mismo que luego se vería en los aparatos de home cinema, y además, un ecualizador paramétrico. Ambos elementos son desconectables, y si he de ser sincero, no suelo emplearlos más que para enredar con ellos. El CX 10000, además, cuenta con un DAC incorporado y con la posibilidad de gestionar señal de video, lo que en aquella época resultaba insólito. 

El preamplificador CX
10000

Puedes conectar hasta ocho fuentes distintas al CX10000, incluyendo las entradas digital y de video ya mencionadas. Por supuesto, cuenta con un tape loop con el que hay que pelearse al principio, pero por lo demás, de principio a fin, es una delicia de usar.

El ecualizador está limitado a tres bandas, el factor Q puede ser fijado en cuatro valores, y el nivel de ajuste oscila entre los -12 db y los 6 db. He obtenido resultados satisfactorios cortando monitores a 80 hercios e implementando un par de subwoofers en el sistema, algo que está al alcance de muy pocos previos modernos. Este vejete, lo permite. 

Por último, baste señalar que el aparato pesa 25 kilos, lo que nos da una idea del tipo de diseño ante el que estamos. 

Detalle de las ilustraciones del manual

La etapa de potencia MX10000 entrega 300 vatios por canal, si bien pueden llegar a ser hasta 1200 vatios cuando la impedancia es de 1 ohmio, sin que la etapa entre en modo de protección.  Para conseguir esas cifras, la fuente de alimentación de la MX10000 se diseñó con una capacidad de filtrado de 288.000 microfaradios que se distribuyen de la siguiente manera: 2 condensadores de 22.000 microfaradios y uno de 100.000 por cada canal. Pese a que en el número del mes de agosto de 1988 de la revista alemana Audio se indique que la MX 10000 solo lleva 2 condensadores de 22.000 faradios por canal, se trata de un más que evidente error del autor de la prueba. Lo que no está a la vista, tras levantar la tapa, son los dos condensadores de 100.000 microfariadios “ocultos”. Y por lo que esconde la MX 10000, me gusta aún más.

Configuración de condensadores según el propio fabricante

La configuración de la etapa es lo que Yamaha llamó “quad push-pull”, usando ocho MOSFETS por cada canal, cuatro de tipo N y cuatro de tipo P, y pese a que Yamaha indique que se trata de configuración en clase A, lo cierto es que responde a una de las patentes de la marca, la Conversión a Clase A Hiperbólica o HCA: Hyperbolic Conversion Class A, que en realidad, pretende que la salida sea en clase A. 

Por lo demás, se emplean conducciones rígidas de tipo bus bar de 6 milímetros de diámetro, bañadas en oro, y en el chasis se emplea masivamente el cobre. El resultado, los cerca de 45 kilos a los que se hizo referencia. 

En cuanto a la estética, dejaré que las fotografías hablen por sí solas.  Mencionaré, por la grata sensación que me produjo, ver las dos enormes asas traseras de la etapa, dos ejemplos de mecanizados excelsos, un ejemplo de construcción que a día de hoy no he visto en ningún otro componente con independencia de su precio. 

La etapa cuenta con dos interruptores en su frontal, uno de encendido/apagado y otro para la salida de altavoz. También podemos encontrar en la parte trasera conectores de tipo gatillo para operar conjuntamente la etapa y el previo.  

El conjunto Centennial convive en mi audioguarida con otros pesos pesados que los asiduos ya conocen sobradamente: Mark Levinson Nº 326s, Mc Intosh C52 y MC452. También tengo a mano el amplificador integrado de Yamaha AS 3000, un aparato fabuloso, más delicado que potente, todo hay que decirlo, al menos cuando le asocio las durísimas ATC SCM 40 mk2.

Después de estos años, he llegado a la firme convicción de que las diferencias esenciales están en el binomio caja-sala y en la fuente analógica. Suelo darle menos importancia a la fuente digital, por esta razón, Yamahólico como soy, tengo dos lectores de Yamaha, el CDS 3000 y el CDS 2000, y no soy capaz de distinguirlos. Por simple orden de llegada a mi equipo, el CDS 2000 está asociado al sistema Centennial. La parte analógica está a cargo de un Technics 1200 G con brazo SME V con base Townshend, cápsula Benz Micro LP y previo de phono Gold Note PH 10.

Comencé con las B&W 805 D3, unas cajas que ya están más allá de lo razonable, cada vez más caras en su siguiente iteración, pero sumamente reveladoras. Las 805, con la tercera evolución del tuiter de diamante, reflejan cada estridencia, cada exceso, cada desequilibrio de aquello que les asocies. Y tienen una capacidad prodigiosa para desaparecer.

Lo primero que me vino a la mente fue la mayor contundencia del grave. Las 805 bajan ahora más que nunca, sorprende la extensión para su tamaño, y con el sistema Centennial, más aún. El sonido, por simplificarlo, era el mismo que asociaba al AS3000, con un punto de dulzura, que no coloración, relajado, sin artefactos, libre de estridencias o agresividad, pero rotundo, muy rotundo en el grave. Es como si te desafiase, como si te dijese, oye, ya sé que has escuchado muchos componentes de Yamaha, lo voy a hacer igual, para que te resulte familiar, pero ten en cuenta que soy lo mejor de lo mejor, tanto de la marca, como de la competencia, así que no te relajes, que cuando menos te lo esperes, aparecerá algo que te dirá cómo nos las gastamos en casa. Luxman quiso echarnos un órdago y terminó sucumbiendo ante Clarion, así de buenos somos los Centennial. Y vaya si lo son.

No quiero pecar de entusiasta, es más, puestos a ser sinceros, te admitiré que la amplificación, siendo suficiente, me suena siempre tremendamente parecida. Creo que cuando una amplificación marca la diferencia, viene dado por aspectos como la capacidad de entregar corriente o el factor de amortiguamiento. Podréis discrepar de mí, pero no creo que la Clase A suene intrínsecamente mejor que la AB. Yendo aún más allá, mis encuentros con una etapa Pro de Yamaha en clase D, también han sido sumamente satisfactorios. 


El salto a las ATC SCM 40 mk2 confirmó las primeras impresiones. El mismo sonido de la casa, pero con más contundencia y control, algo que escapa del AS3000, que se las ve y se las desea para poder controlar los woofers de las ATC. Así como el integrado, pese a su generosa factura, no se encuentra cómodo con las ATC cuando las cosas se ponen feas, la etapa MX10000 no rompe siquiera a sudar. Cruje, es cierto, la escuchas protestar en sus entrañas, a medida que va cogiendo temperatura, la MX10000 se hace notar, algo que  parece indicarte que, en realidad, la Clase A, aunque sea esta variante de modulo HCA, somete a los componentes a mayor estrés térmico. Y entonces, cuando la bestia termina de despertar, cuando crees que ya no puede ir a mejor, viene la sorpresa, comienza a deleitarte con una calidez y suavidad rotunda. No puedo aseverar que la escena sonora sea más amplia, que haya más separación o que los músicos estén más entregados ese día, faltaría a la verdad y no me lees para eso, me lees porque no me ando con eufemismos, por eso mismo te confesaré que albergo mis dudas acerca de la auténtica causa de la percepción sonora, no sé si es real o sugestión, no sé si son mis oídos o es el hecho de saber que tengo delante una de las 100 unidades de unos componentes que representan  el cenit del audio japonés, sea lo que sea, jamás escuché un conjunto de previo y etapa que me sedujese de esta manera.

Francisco del Pozo, audiófilo de andar por casa.