Confía en mí, te sorprenderás.

Me lo has escuchado decir y te lo has creído. Aún así, al poco tiempo, se te ha olvidado. Es curioso ver cómo todo aquello que le ocurre a una persona del mundo exterior, ese que existe ahí fuera, a veces tan distante al de las oposiciones, le ocurre también al opositor, pero con mucha más  intensidad. En esa realidad paralela a la de las oposiciones, esa que llamamos vida, las personas olvidan las cosas. Así ocurre en las oposiciones, pero con más saña, hasta las buenas noticias se olvidan, tal y como también se olvidan los propósitos, las razones. 

El mensaje parece tan caduco, y a la vez, tan fresco, que te resulta inverosímil. Parece que fuese necesario recordarlo una y otra vez, pese a lo evidente. Estás ahí porque tienes una meta, una ilusión, pero se te olvida. 

Lo mismo ocurre con aquello que te dijo ese tipo que está en Instagram. La primera vez que se lo escuchaste decir, te pareció sensato. Después de todo, es más mayor que tú, ha aprobado sus oposiciones, prepara opositores y además, ha escrito un libro sobre el tema. Pero se te olvida. 

Ese tipo te dijo que te sorprenderás a ti misma, que evolucionarás, que crecerás como opositora, que serás capaz de llegar donde no creíste capaz, que tus capacidades aumentarán, que tu intensidad crecerá, tu voz se templará, tu garganta dejará de temblar. Pero se te olvida.

Ese mismo tipo ahora te lee la mente, y lo puede hacer no porque tenga una bola de cristal, sino porque ha estado en ese mismo sitio que por momentos se parece a un infierno.  Además, es fácil saber lo que pasa por tu cabeza, ¿pero por qué es así?, te preguntas, ¿qué es lo que hace que se te olvide?, tú, que tanto estudias, tú que tan ejercitada tienes la memoria, te dices, te castigas, ¿cómo puede ser que las buenas noticias se vayan de tu cabeza? 

Muy sencillo, querida opositora, porque estás inmersa en una tarea titánica, probablemente, una de las pruebas más duras a la que jamás te enfrentarás, un viaje en el que conocerás a la peor parte de ti, aquella en la que habitan tus miedos, allí donde las sombras hacen menguar tu razonamiento. Al mismo tiempo, en ese mismo camino te encontrarás con la mejor parte de ti. 

Se te olvidará una y mil veces, y será algo tan normal como que el sol sale y se pone. Se te olvidará como se te olvidan los temas, porque en eso consiste este proceso, en olvidar para volver a recordar, ¿cómo puede ser tan esquiva la mente humana?, el gran secreto, un secreto a voces, en realidad, es que estudiamos los temas para olvidarlos al poco tiempo. Y no pasa nada, así es como funciona.

Del mismo modo, se te olvida lo que te dije al principio, te sorprenderás de lo que algún día serás capaz de hacer, y no me refiero a aprobar, no, eso no será una sorpresa, eso será algo tangible, aunque ahora no me creas. No, no me refiero a eso. Me refiero a tu evolución, a tu crecimiento, a tu capacidad. Es otra de esas grandes cosas que no te cuentan, y que pese a que se intuyan, por alguna suerte de extraño conjuro, se dejan de intuir. No has nacido opositor. El opositor se hace, y se hace trabajando, de forma organizada y disciplinada. Aunque te llames Amiga y tu apellido sea de la Anarquía. Debes trabajar y trabajar. Y después, trabajar más. Y cuando creas haber terminado, trabajar más. No hay más secreto en esto que el que te he dicho. 

Y cuando eches la vista atrás, cuando te decidas a poner algo de perspectiva en todo eso, lo verás. Maldita sea, el tipo ese de Instagram tiene razón. Has sido capaz de estudiar el Tema 1 en la mitad de tiempo que la vez anterior. No solo eso, ahora llevas 10 temas por clase cuando antes a duras penas podías con un par de ellos, eran pocos y cobardes, pero se indigestaban, porque así lo quisieron los primeros habitantes de la Tierra, cuando lo llamaban el Paraíso, que todo se indigestase. El pecado original no es más que una puñetera manzana indigesta, como el Tema 1.  

Entonces te pasará otra cosa muy curiosa. Te retarás. Te retarás a ti misma, cansada como estás de que el espejo no te devuelva el reflejo que quisieras, terminarás de cenar y sentirás un cosquilleo. Primero se te insinuará como el leve aleteo de una mariposa, después se convertirá en una especie de energía que parece moverte. Te dirás que John Nieve y los dragones pueden esperar, que esa noche, Winter is not Comming,que le den al invierno, a los Lannister y a todas esas rocadragones o comoquiera que se llamen, esa noche te retarás a ti misma y te propondrás estudiar una hora más. Cuando no lo creías posible. Y te sorprenderás a ti misma. 

Otro día estarás frente a la caja tonta, viendo el telediario, mentiras amontonadas, con tu chándal, despeinada, el turno de tarde empezará en breve. Un café en tu taza de Bruce Springsteen, te gusta cómo le sientan los Levis 501 a su trasero, glorioso sea Born in the USA, y a la carga. Pero una de esas mentiras amontonadas te llama la atención. Alguien vestido de chaqueta y corbata dice algo al otro lado de la pantalla, y tú, ahí sentada, con tu chándal y tu taza humeante, sabes más que ese tipo que sale por la pantalla y dice ser Ministro de algo, de repente, así, sin quererlo, viene a tu mente el Decreto 39/2015, de 24 de abril, sobre productos lácteos, que además, se ha dictado como consecuencia del Reglamento de la Unión Europea 1308/2013. 

Paradojas de la vida, un Ministro hablando por la tele sobre la última vuelta de tuerca que se impone a los pequeños ganaderos, y tú, como una de esas caras de payaso que saltan movidas por un resorte del interior de una caja, te acuerdas del Decreto y del Reglamento. Quién te lo iba a decir. Lo estudiaste hace dos meses, y te acuerdas. Y te acuerdas porque estás creciendo como opositor, porque llevas ya tiempo trabajando.  Y así es como se hace al opositor.

Tu memoria no será la misma, tu concentración aumentará, tus técnicas de estudio se afilarán, tu espada será cada vez más certera, tu paso cada vez más firme, en nada se parecerá al aprendiz de opositor que una vez fuiste, que todos fuimos. Sé paciente. La paciencia cotiza al alza en casa del opositor. 

Confía en mí, te sorprenderás. 

Francisco del Pozo, otro sorprendido más.